domingo, 18 de junio de 2017

Para papá


Dos de las cosas que hoy me gusta hacer, leer y manejar bicicleta, se las debo a mi padre. Sin saber lo que pasaría en el futuro, él no tuvo mejor idea que ‘castigarme’ mandándome a leer cada vez que hacía algo no aceptable. En ese tiempo pensaba que era el peor castigo, que me odiaba por hacerme eso, pero una de las primeras lecturas que tuve, es una de las que hasta el día de hoy recuerdo. La bicicleta rosada que me regaló junto a las rueditas que les acompañaban a los costados para que yo no cayera, fue uno de los mejores regalos que he tenido. Las tardes de verano y sus ganas por enseñarme a manejar bici para no perder el equilibrio, son uno de los recuerdos que me han marcado más que el tatuaje que llevo en mi hombro. No hay duda que es de adulto donde uno recapitula esos momentos y al revivirlo en la mente, se hacen agua en los ojos, mientras el corazón bombea más rápido. Porque es justo ahí, donde el amor -el verdadero amor- florece desde lo más profundo al saber cuánto le agradezco por haberme dado tanto. Pero, sobre todo por enseñarme que el amor, no hay que decirlo, hay que demostrarlo, tal y como él hasta el día de hoy lo hace.


Te amo papi. 

martes, 13 de junio de 2017

Rojo

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Cuando no puedes estar en los momentos especiales de alguien, al pensarlo tanto, la distancia se rompe, el resentimiento se diluye y los corazones de unen.





viernes, 9 de junio de 2017

Once


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Después de desgastar la palabra amor y de confundir ciertos detalles, volví a eso que no quería. Tengo la manía de reiniciar mi mente y mi corazón cuando algo me hiere, siento que, en el transcurso de mi vida, aprendí a presionar ese botón imaginario en el instante adecuado. Es como una alerta interna que me avisa cuando mi paz está en peligro. Pero tengo el don del extremo y realmente, intento evitarlo, pero tengo aún esa absurda costumbre, de regresar a ese pasado que hasta ahora he idealizado como “el amor perfecto”. 

Entonces en esta soledad que me enriquece el alma –porque realmente amo la soledad- entiendo que al menos, esa necesidad de querer de alguien ya no es un vicio, esa etapa de dependencia afectiva la dejé cuando a los veinte años un día descubrí que el amor es una decisión. Pero más que eso, me descubrí a mí, siendo humanamente imperfecta, pero también aprendí a perdonarme y ver con el corazón el mundo para descubrir lo mejor de mí y lo mejor de todo aquello que me suma energías.