sábado, 16 de junio de 2018

Diario de Lucía | Saco rojo


​Eran las cinco de la tarde cuando pasaba por la avenida de siempre a la salida de mi trabajo. Había llovido poco antes, las calles húmedas y el clima nubloso no me dejaban caminar con naturalidad, sin embargo, mi abrigo rojo me abrazaba en el frío. Llegando al final de la vereda, vi venir a un hombre. Hasta ahí todo normal, pero conforme nos acercábamos, pude notar que él me miraba con fijación. Comencé a ponerme nerviosa y miré hacia el otro extremo cuando él se detuvo frente a mí. Era Agus. El de siempre. Aquel chico que me costó superar años, veranos e inviernos. 

-¿Qué haces aquí? le pregunté
-Lucía, ¿cómo haz estado? me dijo mientras me abrazaba con emoción. 
- Estoy yendo a recoger a Carol, mi novia

Quedé muda otra vez, ¿cómo reaccionas ante algo así? ¿qué respondes cuando en el fondo tu pasado regresa?...cómo puedo ser sutil cuando quisiera decirle 'eres de lo peor, a mí nunca me querías recoger a la universidad' pero me contuve. Fingí una sonrisa para decirle que lo felicitaba y mostré mi asombro por las coincidencias de la vida al trabajar tan cerca del empleo de su nueva enamorada. 

-Bueno, que te vaya bien, cuídate mucho, le dije y con sus ojos plasmados en los míos me dijo 
-Quizás otro día nos podemos volver a ver, no sé, quizás para tomar un café 
-No lo creo, Agus. Pero gracias, lo tomaré en cuenta.
Me despedí y seguí. 

Agus formó parte de mi adolescencia - juventud cerca de cinco años. Etapa donde fue la más vulnerable e inestable posible de mi existencia. Me costó terapias y varios choques contra la pared para entender que ese no era mi camino. No el más sano, no para mí. Volverlo a ver, luego de cerca de un año, desde la última vez que 'intentamos' volver a salir, ya no resulta saludable. Quizás aún me cuesta olvidar a la Lucía que fui, quizás necesito más que todo, perdonarme. Verlo fue comprobar que aún quedan secuelas, de las cuales, tengo que limpiar y liberar. Con los años y en la edad que ahora tengo, he entendido que más que mariposas en la panza, necesito paz mental y definitivamente, él no me la da.

viernes, 25 de mayo de 2018

¡Feliz cumpleaños a mi!




Hoy cumplo 29 años y recordé eso que tanto suele decir la gente: 'cuando pasan los años, los cumpleaños pierden la emoción'. Quizás es cierto hasta cierto punto. Luego de vivir 24 años con mis padres, hoy añoré las celebraciones con ellos desde temprano y entonces, como suele pasar en los humanos, recuerdas los momentos donde fuiste tan feliz.
Recordé las veces que ellos tocaban a la puerta de mi cuarto y mientras escuchaba a mi mamá cantar muy bajito 'cumpleaños feliz'. Yo despertaba media inconsciente de mi realidad por el horario, pero feliz al verlos casi en fila entregándome cada uno un obsequio. Regalos que pasan a segundo plano porque el verdadero significado es de quien te lo da.
Al levantarme el día de hoy, ya con más edad, con un esposo y un hijo, pasaron esas imágenes en mi cabeza velozmente. Quizás muy en el fondo extraño tener menos edad, porque realmente hay etapas en la vida de un adulto, que se extraña no porque tu presente sea malo, sino porque la inocencia de ser más joven cambia con los años. Ahora me queda compartir esa experiencia que marcó mi vida por siempre y repetirla con mi nueva familia.

¡Feliz cumpleaños, Julia! 💫

sábado, 21 de abril de 2018

Mudanza

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Llegó el momento de partir del lugar que me acogió durante un año. Empacar y embalar cada caja, fue realmente como guardar en cada una, un recuerdo. Cuando alguien se muda, puede que ingrese a vivir sola, pero al irse, se va cargada de un montón de cosas que necesariamente no son tangibles. Vivir sola por primera vez fue la medicina que necesitaba para calmar con toda ansiedad que me aquejaba. 

En la soledad aprendí más que con cualquiera. Fueron esas paredes que me acompañaron en mis días felices, en los de crisis, pero sobretodo, en donde hallé paz.

Antes de irme y entregar las llaves, contemplé por última vez ese olor que se identificaba al entrar, abracé a los muros en mi mente y suspiré al saber que por fin me había encontrado. En la soledad fue en donde realmente me conocí y también donde me di cuenta a quiénes tenía a mi lado. Cerré la puerta de la que por más de 365 días fue mi hogar pero por siempre, esa etapa de mi vida se quedará en la calle de la casa verde. 🍃

jueves, 19 de abril de 2018

Carta de una mamá que trabaja 🌻

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Quiero que sepas que todas las horas que estuve lejos de ti, no hubo un segundo que no estuvieras en mis pensamientos. Que eras mi tema preferido en mis conversaciones durante el trabajo, así como mi mejor cita al finalizar el día y que como todo lo bueno, solo me inspirabas a ser mejor. 

Tienes que saber que cada mañana mientras me despedía de ti sonriendo, por dentro algo me presionaba el corazón, pero mi valor de madre me hacia tener que irme de casa feliz, como si nada pasara. 

Al llamarte al mediodía para saber si habias comido, escuchar tus palabras a medio pronunciar me hacia sentir una fuerte emoción, y más aún el saber que al llegar la noche, solo seríamos tu y yo para finalizar el día. Eras como mi cable a tierra, como la dopamina que mi cuerpo necesita para seguir. No es fácil dejarte hijo mío pero confío en esta frase que me repito constantemente: ''los proyectos constan de tiempo y trabajo", pero mientras tanto, disfruto, vivo y valoro cada momento de mi vida en la tuya. 

miércoles, 21 de marzo de 2018

Diario de Lucía | Sabotaje

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A veces y solo a veces, deseaba desde lo más hondo, volver a él. Coger su mano, oler su cabello, treparme de su espalda y reír de incoherencias.

A veces y solo en momentos donde la melancolía me atacaba a traición, volvía a ese álbum de fotos que aún no me atrevo a eliminar. Repaso foto a foto los lugares que visitamos, los aniversarios que celebramos y entonces, en esos segundos, el corazón me presiona fuertemente hasta el punto de quebrar.

A veces y casi nunca, quisiera replegar el tiempo para verme ahí y verlo a él, en la banca de siempre, imaginándonos aquél presente, que supuestamente y si mal no recuerdo, tendría que ser este.