miércoles, 19 de septiembre de 2018

El abrazo de mamá

relatos, frases de la vida, erase una vez, erase una vez asi

Estaba en esos días que protestas por todo, que nada te basta y que el disimular ya no se hace fácil. Pero justo entonces, vi a aquellas personas importantes en mi vida pero que en esos momentos mi actitud podría ser dañina para ellos. Milagrosamente alguien se dio cuenta que no era mi mejor versión, solo así todo pudo ser distinto.

Mi mamá me apartó del lugar y me dijo: alguna vez me dijiste que querías que te recuerde todo lo bueno que tienes hasta cuando tú misma lo has olvidado, creo que este es el momento. Sin decir nada más, ni hacer mucho, ella pudo volver mi dureza en debilidad, pero una de las más sanas. Para poder ver con humildad las cosas que solo el orgullo te hacen desviar de lo bueno. La abracé con agradecimiento y salimos donde estaban todos, pero esta vez con mi sonrisa natural, con mi mirada relajada.

 Al finalizar el día me prometí recordar el consejo de mamá y lo acompañé con una frase que describe a ese día: "que me perdone la vida las veces que no la viví".



 Por Julia Zavala.🍃

http://eraseunavezasi.blogspot.com/

sábado, 11 de agosto de 2018

—Diario de Lucía—

relatos de amor, blog, frases


Casi siempre he pensando que el destino nos da señales divinas para tomar decisiones. Que nos alejan o acercan, que nos abren ventanas, que nos cierran puertas para poder soltar y fluir. Eso me pasó en mi intento de formar una relación 'madura'. A mis 25 años pensé que luego de lo que había pasado con Agus, tenía la experiencia suficiente para no caer en el rincón de mi cama una vez más y lamentarme. La historia entre Patric y yo, duró ocho meses. Sufiente tiempo para darnos cuenta que no podíamos estirar más el hilo. Mucho o no, lo amé. Me enamoré como una adolescente que siente mariposas en la panza, aunque a decir verdad, sentí más que eso. Por fín, luego de varios años de recuperarme por el 'trauma emocional' que me había dejado la relación tóxica que tuve con Agus, quise intentar algo de verdad. Es decir, sin miedos, ni preguntas a futuro, sin importar su pasado, ni el mio. Me bastó con saber que a su lado, era yo. 

Patric compartía mis mismos gustos —o al menos la mayoría— sabía exactamente estar, cuando sin pedirlo, yo lo necesitaba. Era algo bien alucinante. A pesar que nuestros tiempos no coincidían, despertar con un mensaje suyo de lo bien que lo habíamos pasado la noche anterior, era un motivo para saber que la distancia lo hacen los cuerpos, pero no la mente. Sin embargo, siempre tuve presente que, esa emoción era como todo lo novedoso. Como toda niña con muñeca nueva. Sabía que esa intensidad bajaría. Y así fue. Patric y yo fuimos concientes que a pesar de ser muy afines, había algo, que sin detallar mucho en estas líneas, no nos dejaría avanzar. 

Un día al darme cuenta de eso, le pedí un par de días para estar en soledad. Me refugié en lo que más me gusta y mejor me hace. Sentía dolor al saber que él ya no estaría más en mi presente, que quizás, ambos tomaríamos caminos distintos, en otros lugares, con otras personas. Al mismo tiempo, recordé las veces que lloraba sin parar, sin siquiera reflexionar un segundo de lo que yo merecía cuando Agus (mi ex) me terminaba. Me dije: "eso no lo volveré a pasar". Fui guardando algunas cosas que Patric había dejado en mi casa, las guardé, lo junté todo para dárselo cuando lo iba a ver. Llegó el día y como éramos tan similares, los dos ya sabíamos que esa noche sería la última vez que nos veíamos. Nos abrazamos con los momentos en cima, con las risas, con todo ese amor que en algún momento se llegó a diluir en su totalidad. Me dio un beso en la frente y me dijo: 'te dije que nadie se queda con el amor de su vida'.

sábado, 16 de junio de 2018

Diario de Lucía | Saco rojo


​Eran las cinco de la tarde cuando pasaba por la avenida de siempre a la salida de mi trabajo. Había llovido poco antes, las calles húmedas y el clima nubloso no me dejaban caminar con naturalidad, sin embargo, mi abrigo rojo me abrazaba en el frío. Llegando al final de la vereda, vi venir a un hombre. Hasta ahí todo normal, pero conforme nos acercábamos, pude notar que él me miraba con fijación. Comencé a ponerme nerviosa y miré hacia el otro extremo cuando él se detuvo frente a mí. Era Agus. El de siempre. Aquel chico que me costó superar años, veranos e inviernos. 

-¿Qué haces aquí? le pregunté
-Lucía, ¿cómo haz estado? me dijo mientras me abrazaba con emoción. 
- Estoy yendo a recoger a Carol, mi novia

Quedé muda otra vez, ¿cómo reaccionas ante algo así? ¿qué respondes cuando en el fondo tu pasado regresa?...cómo puedo ser sutil cuando quisiera decirle 'eres de lo peor, a mí nunca me querías recoger a la universidad' pero me contuve. Fingí una sonrisa para decirle que lo felicitaba y mostré mi asombro por las coincidencias de la vida al trabajar tan cerca del empleo de su nueva enamorada. 

-Bueno, que te vaya bien, cuídate mucho, le dije y con sus ojos plasmados en los míos me dijo 
-Quizás otro día nos podemos volver a ver, no sé, quizás para tomar un café 
-No lo creo, Agus. Pero gracias, lo tomaré en cuenta.
Me despedí y seguí. 

Agus formó parte de mi adolescencia - juventud cerca de cinco años. Etapa donde fue la más vulnerable e inestable posible de mi existencia. Me costó terapias y varios choques contra la pared para entender que ese no era mi camino. No el más sano, no para mí. Volverlo a ver, luego de cerca de un año, desde la última vez que 'intentamos' volver a salir, ya no resulta saludable. Quizás aún me cuesta olvidar a la Lucía que fui, quizás necesito más que todo, perdonarme. Verlo fue comprobar que aún quedan secuelas, de las cuales, tengo que limpiar y liberar. Con los años y en la edad que ahora tengo, he entendido que más que mariposas en la panza, necesito paz mental y definitivamente, él no me la da.

viernes, 25 de mayo de 2018

¡Feliz cumpleaños a mi!




Hoy cumplo 29 años y recordé eso que tanto suele decir la gente: 'cuando pasan los años, los cumpleaños pierden la emoción'. Quizás es cierto hasta cierto punto. Luego de vivir 24 años con mis padres, hoy añoré las celebraciones con ellos desde temprano y entonces, como suele pasar en los humanos, recuerdas los momentos donde fuiste tan feliz.
Recordé las veces que ellos tocaban a la puerta de mi cuarto y mientras escuchaba a mi mamá cantar muy bajito 'cumpleaños feliz'. Yo despertaba media inconsciente de mi realidad por el horario, pero feliz al verlos casi en fila entregándome cada uno un obsequio. Regalos que pasan a segundo plano porque el verdadero significado es de quien te lo da.
Al levantarme el día de hoy, ya con más edad, con un esposo y un hijo, pasaron esas imágenes en mi cabeza velozmente. Quizás muy en el fondo extraño tener menos edad, porque realmente hay etapas en la vida de un adulto, que se extraña no porque tu presente sea malo, sino porque la inocencia de ser más joven cambia con los años. Ahora me queda compartir esa experiencia que marcó mi vida por siempre y repetirla con mi nueva familia.

¡Feliz cumpleaños, Julia! 💫

sábado, 21 de abril de 2018

Mudanza

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Llegó el momento de partir del lugar que me acogió durante un año. Empacar y embalar cada caja, fue realmente como guardar en cada una, un recuerdo. Cuando alguien se muda, puede que ingrese a vivir sola, pero al irse, se va cargada de un montón de cosas que necesariamente no son tangibles. Vivir sola por primera vez fue la medicina que necesitaba para calmar con toda ansiedad que me aquejaba. 

En la soledad aprendí más que con cualquiera. Fueron esas paredes que me acompañaron en mis días felices, en los de crisis, pero sobretodo, en donde hallé paz.

Antes de irme y entregar las llaves, contemplé por última vez ese olor que se identificaba al entrar, abracé a los muros en mi mente y suspiré al saber que por fin me había encontrado. En la soledad fue en donde realmente me conocí y también donde me di cuenta a quiénes tenía a mi lado. Cerré la puerta de la que por más de 365 días fue mi hogar pero por siempre, esa etapa de mi vida se quedará en la calle de la casa verde. 🍃