miércoles, 28 de agosto de 2013

Soy alumna del MALI

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Mali
En ciertos lugares las personas nos encontramos en sitios específicos por algo en común.
Era el primer día de algo que había esperado, de algo que era necesario para complementar parte de lo que me gusta, comunicarme.
Al ingresar al aula vi a todos en la misma situación, desconocidos pero sobre todo, tímidos.
Fue gracioso a la vez saber que todos estábamos allí por el mismo objetivo.
El temor que la mayoría tienen pero que pocos reconocen. El miedo de hablar ante el público.
Expresar ideas  para algunos, así como a mí, se nos hace difícil manejar la situación y ser elocuente ante personas que quizás recién conoces.

Allí estábamos todos, lo más raro era que inconscientemente todos sabíamos que "eso" que teníamos en común era lo que nos citaba esa mañana.
"Las palabras son acciones" dijo el profesor de teatro y de inmediato supe que estaba en el lugar correcto, en el taller preciso.
El estereotipo que la mayoría de personas creen que todo comunicador tiene que ser el mas extrovertido del mundo, no lo comparto. Y aunque suene irónico, decir que soy comunicadora y estoy en este taller (cabe destacar que el 5% de la clase estudiaban o eran comunicadores) puedo decir que fuera del miedo, destaca el aprendizaje y saber realmente utilizar el arte de hablar para comunicarnos. Como diría mi profesor de oratoria: "escuchar, ver, procesar y hablar."

viernes, 23 de agosto de 2013

Sexo en la ciudad: La película

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Si vi muchos capítulos de mi serie favorita, no podía faltar ver la película.
Carrie como siempre tan precisa con sus palabras y tan romántica como es de costumbre. Realmente en las cuatro amigas newyorkinas rescaté algo que suele pasar en todas las mujeres: las que buscan los finales felices como (Charlotte) las que prefieren las relaciones libres sin compromisos como (Samantha) las que exigen más de lo que tiene como (Miranda) y las que viven eternamente enamoradas de alguien pero aún así siguen sus sueños como Carrie.

Cada encuentro de las cuatro protagonistas de Sexo en la ciudad me hacía recordar a los encuentros eventuales con mis amigas, pocas, pero creo que las mejores.
Es que así somos la mayoría de mujeres. Al ver a una “cómplice” después de tiempo, gritamos, reímos, conversamos sin parar y sobre todo, recordamos los mejores momentos.
Fuera del tema central de la película y su búsqueda oculta de amor y sexo. Resalto el valor de la amistad como un vínculo de contar una historia.
La unión y el compañerismo de ellas son increíbles. Y no dudo que eso pueda pasar no sólo en ficción, sino, en la vida real.

Carrie pasaba por un momento sumamente difícil, que creo nadie quisiera pasarlo: Ser plantada en el altar.
Todas con la redactora de Vogue ayudándola a que se sienta. –Carrie: ¿Algún día volveré a reír? Samantha: Si. Carrie: ¿Cuando? Samantha: Cuando pase algo realmente que te haga reír.

Cada una con una personalidad diferente y distintas perspectivas de ver al amor y al sexo, pero juntando todo se forma algo llamado experiencia, que sin necesidad de vivirlo podemos capturar ciertos pasajes para saber qué hacer.

El amor es muy irónico, pero creo que cada uno lo vive a su manera. Sexo en la ciudad, no sólo es sexo carnal. Sino, una historia que se ve entre tus amigas, una noche de esas donde no falta una que hable de alguien que le está haciendo mal o de esa amiga que te dice “necesito un consejo, necesito verte”. 
Amigas no son con las que la pasas bien en la discoteca, amigas son las que están ahí en los peores momentos.
Carrie a pesar que vivió enamorada de Big (el típico hombre indeciso) durante 10 años, nunca dejó de escribir sobre lo que ella misma vivía, la soltería. Pero también no dejo de perder la esperanza de creer en el amor.

“Amor. Antes escribía sobre hallarlo, ahora sobre qué pasa al encontrarlo. Carrie”


viernes, 9 de agosto de 2013

“Si desea deje su mensaje en la casilla de voz”

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Entiéndase que todo tiene su riesgo. Hasta el amor.

Lo vi entrando y saliendo, sin dejar de ver el celular de una forma obsesiva. La curiosidad por preguntarle que pasaba era grande, pero me contuve. Lo habré visto salir de la oficina unas 5 veces durante media hora que estuve sentada, tomándome el tiempo de fijarme en ese momento para poder escribir algo.

Al rato, salí a los servicios y escuché una voz un tanto temblorosa como insistiendo a alguien a que le contestara. Esa presión en el corazón es entendible, esa desesperación que todos pasamos alguna vez por otra persona. Por intentar que nos digan “eso” que queremos escuchar para tranquilizarnos.

Su intranquilidad me conmovió. Él no podía trabajar tranquilo porque más atención le prestaba a su enemigo del momento: su celularEl compañero del costado me dijo: - todo lo que hace el amor- . Yo solo sonreí porque no podía opinar de algo que no sabía.

Al poco tiempo el chico del celular dijo en voz alta, como desfogando algo al aire: ya estoy harto. Todos estamos hartos alguna vez de algo o alguien, específicamente no sabía que pasaba, por lo poco que conocía de él es que tenía una “flaquita” que no lo dejaba tranquilo. Creo que ella jamás lo llamó durante los seis meses que llevo trabajando aquí, es él quien siempre llamaba o buscaba algún pretexto para salir.

Esas llamadas obsesivas llenas de inseguridad y capricho de querer ser correspondido de la misma manera es lo que lleva a extremos. Muchas veces el soltaba frases como: “por mas que le recargo del saldo el celular para que me llame ni un mensaje me manda”. Suele pasar decía yo.

El núcleo del problema y el motivo de sus llamadas tan frecuentas del compañero de al lado no lo sabré a ciencia cierta, pero su preocupación estaba clarísima. No era correspondido.
Hay amores tranquilos, llamadas bonitas, llamadas que te roban una sonrisa durante el día, no se compara como una llamada forzada, si no existe voluntad ¿para qué insistir?

Lo poco o mucho que sé, es que el amor fluye, nace, inspira. No tortura, ni tampoco hace esperar tanto. Y mucho menos espera a que le pidan un “llámame”. Mi compañero no puede vivir sin llamar a su enamorada al menos tres veces en una hora. ¿Y por qué la flaca puede vivir sin llamarlo?

A veces el amor o eso que pasa al sentir mariposas en la panza, se puede volver en dolor de panza, dolor de cabeza y dolor al corazón si no sabemos bien identificar a quien merecemos. Busquemos un amor reciproco, un amor que inspire a dar algo cada día.

Sin darnos cuenta, ese "aparatito" llamado celular se puede convertir en un medio que nos puede afectar, pero finalmente, somos nosotros quienes decidimos como manejarlo. Sé que muy pronto mi compañero recibirá una llamada que le alegrará el día con un “te extraño” y ya no lo veré aturdido llamando a alguien que no lo quiere ni escuchar.




Cese: “Renuncio”.


Mantener una relación es como conservar un trabajo. Al comienzo, como todo lo nuevo, uno empieza muy entusiasmado, ya sea por el sueldo o por el puesto que es lo que atrae. 
En una relación es igual, te sientes motivado porque vas conociendo de una forma mágica a otra persona, entre una mezcla de admiración y cariño. Y poco a poco las palabras y los momentos fortalecen todo.

En un trabajo es igual, el reconocimiento por el esfuerzo y lo que uno va haciendo nos va dando fuerzas para continuar. Paralelamente, en una relación, conforme pasan más momentos y se recibe amor, es como si aumentaran el sueldo cada cierto mes. ¿Pero qué pasa si de pronto todo cambia?

En el trabajo, a veces la rutina agota y más si no se recibe algo que incentive a seguir haciéndolo mejor. En las relaciones, cuando hay discusiones frecuentes se pierden fuerzas y si esos problemas tocaron fondo y disminuyó el amor, entonces llega el momento de “renunciar”.

Uno renuncia al trabajo diferentes motivos, por el sueldo, porque sientes que no valoran lo que haces o porque se presentó otra oferta mejor. En las relaciones, es similar, si ya no te sientes motivado, sientes que no es lo mismo, que ya no recibes eso que antes te inspiraba a entregar más prefieres alejarte. Pero a diferencia de un trabajo, en una relación de pareja en vez de presentar una carta de renuncia se opta por decir todos esos motivos que obviamente muchas veces sorprende, porque casi siempre la otra persona pensaba que todo estaba de maravilla.

Algo así como, cuando una vez renuncié y mi jefe se quedó sin palabras porque no se lo esperaba. A diferencia que uno en el trabajo casi siempre intenta quedar bien con el jefe y busca el momento adecuado y las palabras precisas para explicar el motivo, en las relaciones a veces el momento de renunciar fluye justo en el momento más complicado, en plena discusión. Entonces no se sabe si ofrecerle una mejor oferta para continuar o decirle que le vaya bien con su decisión tan inoportuna.

El jefe de pronto te puede decir con mucho aprecio, según sea el caso, que te vaya bien y desearte sinceros éxitos. Pero aquí la gran diferencia. En una relación no se puede hacer eso y menos cuando el final no se espera. Benditos sean los que en su relación son conscientes que va a terminar algún día. Pero los que piensan que el amor es eterno, así como la ilusa que escribe, entonces sí impacta.

¿Alguien puede decir a la persona con las que te viste anciana y con nietos “que seas feliz con otro (a), que cumplas tus sueños” bla bla bla? No es que queramos que le vaya mal, pero en ese momento (y los que lo han pasado entenderán) no se puede decir NADA. Solo aceptar la decisión porque nada se exige y mucho menos se suplica.

El amor no es el que daña, daña la persona que nunca amó. Daña la desilusión de pensar que eso que tuviste fue amor, mientras que cuando vivas el amor de verdad sabrás que nunca terminará. Si queremos renunciar, recordemos la cortesía que tuvimos en ese trabajo donde presentamos una carta y con mucha delicadeza dijimos que ya no podíamos continuar por X motivos.

Hagamos lo mismo por esa persona que nos brindó parte de su vida. Renunciemos no con una carta, pero si con el mismo respeto que se tiene hacía un jefe. Busquemos el momento justo cuando sintamos que esa relación no da un día más. Ninguna renuncia es fácil, pero quizás más fácil para el que lo hace.

El jefe tiene la oportunidad de buscarse otro empleado, intentando reemplazar la buena labor de su ex trabajador. Pero la persona a quien dejan, no buscará reemplazar de inmediato, sino, aceptar la decisión y seguir. Y finalmente, otra similitud con la renuncia al trabajo y a una relación, es que al comienzo pensamos que nada será igual, porque tal colaborador era muy eficiente y tal novia(o) era la indicada (o). Pero con el tiempo, quizás ya sentado en algún bar te reirás del pasado con algún cóctel (como dice la canción de DLD) y al haber encontrado al adecuado y al mejor, sabrás que no sólo fue lo correcto, sino, que quizás sientes como si nunca existió.