sábado, 11 de agosto de 2018

—Diario de Lucía—

relatos de amor, blog, frases


Casi siempre he pensando que el destino nos da señales divinas para tomar decisiones. Que nos alejan o acercan, que nos abren ventanas, que nos cierran puertas para poder soltar y fluir. Eso me pasó en mi intento de formar una relación 'madura'. A mis 25 años pensé que luego de lo que había pasado con Agus, tenía la experiencia suficiente para no caer en el rincón de mi cama una vez más y lamentarme. La historia entre Patric y yo, duró ocho meses. Sufiente tiempo para darnos cuenta que no podíamos estirar más el hilo. Mucho o no, lo amé. Me enamoré como una adolescente que siente mariposas en la panza, aunque a decir verdad, sentí más que eso. Por fín, luego de varios años de recuperarme por el 'trauma emocional' que me había dejado la relación tóxica que tuve con Agus, quise intentar algo de verdad. Es decir, sin miedos, ni preguntas a futuro, sin importar su pasado, ni el mio. Me bastó con saber que a su lado, era yo. 

Patric compartía mis mismos gustos —o al menos la mayoría— sabía exactamente estar, cuando sin pedirlo, yo lo necesitaba. Era algo bien alucinante. A pesar que nuestros tiempos no coincidían, despertar con un mensaje suyo de lo bien que lo habíamos pasado la noche anterior, era un motivo para saber que la distancia lo hacen los cuerpos, pero no la mente. Sin embargo, siempre tuve presente que, esa emoción era como todo lo novedoso. Como toda niña con muñeca nueva. Sabía que esa intensidad bajaría. Y así fue. Patric y yo fuimos concientes que a pesar de ser muy afines, había algo, que sin detallar mucho en estas líneas, no nos dejaría avanzar. 

Un día al darme cuenta de eso, le pedí un par de días para estar en soledad. Me refugié en lo que más me gusta y mejor me hace. Sentía dolor al saber que él ya no estaría más en mi presente, que quizás, ambos tomaríamos caminos distintos, en otros lugares, con otras personas. Al mismo tiempo, recordé las veces que lloraba sin parar, sin siquiera reflexionar un segundo de lo que yo merecía cuando Agus (mi ex) me terminaba. Me dije: "eso no lo volveré a pasar". Fui guardando algunas cosas que Patric había dejado en mi casa, las guardé, lo junté todo para dárselo cuando lo iba a ver. Llegó el día y como éramos tan similares, los dos ya sabíamos que esa noche sería la última vez que nos veíamos. Nos abrazamos con los momentos en cima, con las risas, con todo ese amor que en algún momento se llegó a diluir en su totalidad. Me dio un beso en la frente y me dijo: 'te dije que nadie se queda con el amor de su vida'.

2 comentarios:

  1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. Pues tu relato ha calado en mi y ha traído consigo una ola de recuerdos. Soy de las personas que cree que hay que luchar hasta el final, en este pedacito de tiempo llamado vida pocas veces encuentras la felicidad. De todas las cosas que pude y no quise hacer, espero tener algún día una segunda oportunidad. Un saludo.

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