miércoles, 14 de febrero de 2018

Febrero catorce

Amor propio

Desde hace dos años y unos meses, la vida y mi concepto sobre el amor, cambió totalmente. Pasa que de pronto, comienzas a valorar cada molécula de tu ser, cuando te vuelves más consciente de tus defectos pero aún así, no te amilanas ante las caídas y sigues en pie, porque sabes que ese amor que te impulsa —que nace desde tu interior— es tu fuerza. Comienzas a tomar las dificultades con optimismo, porque sabes que al amanecer, el sol iluminará de nuevo, así no lo veas, el sol siempre está, así no veas las estrellas por la noche, ellas brillan desde arriba. Lo que no es visible se vuelve como omnipotente porque lo sientes.

Y así, conforme pasan los años, te vuelves más sensata y entiendes que no hay un amor más puro del que se siente por uno mismo, a tal punto que te desborde desde el alma para entregárselo a los demás, no porque te falte, sino porque te abunda.

Ser madre me ha vuelto una mujer más consciente. Fuerte, pero no dura, sensible pero no débil, sobre todo, a entender que en la vida solo somos nosotros responsables de nuestros actos, nadie más que nosotros. Y así, entiendes que eso que tanto te decían los papás, era cierto, 'no puedes amar a nadie si no te amas a ti primero'. La vida es sabia, por tal, enseña a base de experiencias a vivir, así como también a amar, no se trata de cantidades, sino de calidad. La felicidad y el amor son lugares donde uno quiere estar siempre y se desea compartir con esas personas que cuidan de tu sonrisa. Ama de tal forma que la persona que esté a tu lado pueda ser tal y como es y se sienta libre aún estando contigo.

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