domingo, 18 de junio de 2017

Para papá


Dos de las cosas que hoy me gusta hacer, leer y manejar bicicleta, se las debo a mi padre. Sin saber lo que pasaría en el futuro, él no tuvo mejor idea que ‘castigarme’ mandándome a leer cada vez que hacía algo no aceptable. En ese tiempo pensaba que era el peor castigo, que me odiaba por hacerme eso, pero una de las primeras lecturas que tuve, es una de las que hasta el día de hoy recuerdo. La bicicleta rosada que me regaló junto a las rueditas que les acompañaban a los costados para que yo no cayera, fue uno de los mejores regalos que he tenido. Las tardes de verano y sus ganas por enseñarme a manejar bici para no perder el equilibrio, son uno de los recuerdos que me han marcado más que el tatuaje que llevo en mi hombro. No hay duda que es de adulto donde uno recapitula esos momentos y al revivirlo en la mente, se hacen agua en los ojos, mientras el corazón bombea más rápido. Porque es justo ahí, donde el amor -el verdadero amor- florece desde lo más profundo al saber cuánto le agradezco por haberme dado tanto. Pero, sobre todo por enseñarme que el amor, no hay que decirlo, hay que demostrarlo, tal y como él hasta el día de hoy lo hace.


Te amo papi. 

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