lunes, 9 de noviembre de 2015

El chico práctico y su amigo fiel

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Érase una vez así un mundo donde los malos sentimientos estaban ocupando mayor espacio en el corazón de los humanos y el rencor se hacía llamar parte del amor.
Aquí mismo, vivía un chico de apariencia dura y frívola; de prendas cómodas y livianas, ligeramente amable pero a la vez distante. Algo así como un “chico práctico”, como algunos le decían.
El chico práctico nunca paraba solo, siempre  tenía a su costado a su amigo, casi siempre en silencio ambos caminaban. La misma ruta tenían todos los días, algunos más cansados que otros. Pasaban juntos varios veranos, otoños, inviernos y primaveras pero era tanto la amistad y la buena compañía mutua que sentían que no se les veía separados. Por el contrario, al verlos pasar se podía sentir su unión.
¿Pero por qué el chico práctico solo tenía un amigo? Era la pregunta de algunas personas que veían a este chico que se tomaba la vida muy ligeramente como el viento que flameaba sus cabellos; quizá sería que él se alejaba de personas o cosas que no le hacían bien en su vida, quizás era que después de un día agitado solo buscaba una amistad sinceramente silenciosa.

Algunas veces se le veía al chico práctico tener conflictos en el lugar donde vivía, pero si aparentemente este era un hombre con una filosofía de vida sencilla para ser feliz, ¿por qué no lo demostraba con todos y no solo con ese amigo?

Tuvo que ser un día cuando se escuchó por fin que el chico práctico tenía una rencilla con su mejor amigo, este le reclamaba porque no tuvo cuidado al cruzar la pista, una muestra de preocupación pero acompañado de enojo. A diferencia de lo ofuscado que el chico práctico se mostraba, este, su amigo, se veía más bien asustado y arrepentido.  Al poco rato se podía ver a lo lejos del parque que su amigo sin ánimos de tener conflicto alguno, se le acercó con una pelota al muchacho para jugar y olvidar lo que había sucedido. Así de inmediato, así de práctico, este le hizo olvidar el incidente y siguieron la misma ruta por muchos años juntos, uno al lado del otro, cuidando de ambos y como siempre en silencio pero con mucho amor de por medio.

El chico práctico había buscado huir de problemas humanos, es por eso que eligió como su fiel compañero a este perro que lo llamó ringo, para que lo acompañase sin decir nada, sin reclamo alguno, sin que este le exprese quizás alguna queja, pues él solo buscaba amor y paz. Lo encontró en un perro, en un animal que no tiene rencores, que no hay necesidad de perdón, de engaños, si no que te entregan fidelidad absoluta y quizás en cambio solo piden un amor durante los cortos años de vida que ellos tienen.


En un mundo con tanto amor sin valores, el amor de animales puede ser un reemplazo.  Una salida. Un modo de aprendizaje. ¿Quién te entrega su amor sin pedir nada a cambio? ¿Quién se queda a tu lado, a pesar que no seas un buen humano? ¿Quién te acepta como eres sin decir nada? Quizá su misión en la vida de estos compañeros sea enseñar a humanos, como al chico práctico, la importancia de amar sin rencor alguno y que un enojo puede pasar rápido para volver al juego de la vida. 


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