jueves, 15 de octubre de 2015

Diario de Lucía

desamor, fin de una relacion, sola


Para la semana treinta y cuatro comencé a sentirme sola aun estando con él. Asumí que era un mal síntoma en una relación. Era como dormir junto a una almohada porque hasta un peluche produce más sentimiento. Entonces hice una lista de las cosas que se iban perdiendo, su ausencia, el romance, la pasión, ese dar cada día, la emoción.


Me quedé con cosas muy superficiales y las reemplace por actitudes de él que antes no conocía. Todo era más drama y tragedia, decidí que para la semana cuarenta me iría porque sentía como el rencor crecía muy adentro de mi misma, esas ganas de expulsar todo aquello que había guardado y el tiempo mal invertido. Todo estaba planeado, pero mientras tanto nos íbamos hiriendo el uno al otro con una mezcla de desamor y orgullo, para ver quien ganaba la batalla. Opté por darme por vencida y fingí que él era el ganador  para al menos librarme de unos cuantos pecados menos. Lo único conmovedor de esta historia era volver a los recuerdos, a las fotografías y unas cuantas cosas más que aún quedaban por ahí. No cabía duda que su orgullo y soberbia habían asesinado el amor que sentía por él. Tanto así que ya ni me importaba si él sentía lo mismo, pues cuando pierdes el encanto por alguien, se pierde el interés. Se pierde todo.


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