jueves, 27 de agosto de 2015

Mariposas en la panza

detalles de amor, etapas del enamoramiento, cartas de amor

Las casualidades siempre tienen un sentido o quizás casi siempre. Estaba en busca de algo y me encontré con cosas del pasado que aún tengo en el presente. Muchas emociones se juntaron en ese momento, no solo porque sabía que algunas cosas habían cambiado, sino porque también uno puede llorar al recordar bonitos instantes a lado de alguien.
Cartas, tarjetas de aniversario, envolturas de chocolates, papeles de regalo, fotografías y más cosas habían en esa bolsa llena de mis momentos felices junto a él. - Esa manía mía de guardar todo - me dije a mi misma. Comencé a sacar algunas cartas y al leerlas no pude evitar sentir ese apretón en el pecho al saber que algunas cosas que él mencionaba ahí con tinta, ya se estaban haciendo realidad. Así como otras que aún no, recordaba en que momento de la relación me dio tal detalle y en qué día me dio tal regalo. Es cierto que los regalos son detalles, pero nada como esos pequeños obsequios que sin mucho dinero te hacen sentir grandes emociones, sobre todo cuando quien te lo da es especial para ti.

Por lo que leía pude darme cuenta que toda relación siempre comienza así, figurativamente como dos locos enamorados por el mundo donde solo existen él y ella. Donde hasta ir en el bus se hace mágico, pues ambos que recién son novios intentan sacarle provecho al máximo de ese poco tiempo juntos que tienen. Nuestro amor prematuro a pesar que no éramos tan jóvenes estaba lleno de detalles y conquista a la antigua y eso fue lo que me enamoró más de él.
Aunque no niego que si se pudiera haría retroceder tres años atrás para sentir de nuevo esas mariposas en la panza que se siente cuando recién empiezas a estar de la mano con alguien, cuando hasta donde un mensaje de texto te provoca sonrisas y querer más. Sé qué ahora nuestra relación es distinta, a pesar que estamos juntos él y yo aún conservamos ciertos detalles para no perder el encanto de nuestra relación. El amor también madura, también cambia, se transforma, y aunque cueste aceptarlo, quizás ya no sean cartas, ni tantos regalos que él me hacía sin ninguna fecha especial los que llegan a mí. Pero fueron reemplazados por otros que ahora que vivimos juntos lo noto y es que ya estamos en otra etapa del amor, donde ya no solo somos él y yo, porque el amor trae frutos.
Nuestras conversaciones donde antes imaginábamos nuestra familia feliz como solíamos llamarlo – y hasta ahora lo hacemos- pero ahora ya lo estamos construyendo junto a ese ser pequeñito que está dentro de mí y viene en camino. 

Así como nosotros cumplimos años de edad y dejamos de ser los mismos de antes – porque hasta nuestros pensamientos cambian-  igual son las relaciones, toman una consistencia de compañía, amor y recuerdos. Porque cuando quiera recordar cómo fue que conocí el amor iré hacía esa bolsa de detalles de mi príncipe – aunque suene infantil – así lo viví yo. Y lo sigo viviendo cada que él se despide por las mañanas y me dice: “Te amo mí princesa”.




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