viernes, 9 de agosto de 2013

“Si desea deje su mensaje en la casilla de voz”

el amor no se exige, llamadas desesperadas, erase una vez asi

Entiéndase que todo tiene su riesgo. Hasta el amor.

Lo vi entrando y saliendo, sin dejar de ver el celular de una forma obsesiva. La curiosidad por preguntarle que pasaba era grande, pero me contuve. Lo habré visto salir de la oficina unas 5 veces durante media hora que estuve sentada, tomándome el tiempo de fijarme en ese momento para poder escribir algo.

Al rato, salí a los servicios y escuché una voz un tanto temblorosa como insistiendo a alguien a que le contestara. Esa presión en el corazón es entendible, esa desesperación que todos pasamos alguna vez por otra persona. Por intentar que nos digan “eso” que queremos escuchar para tranquilizarnos.

Su intranquilidad me conmovió. Él no podía trabajar tranquilo porque más atención le prestaba a su enemigo del momento: su celularEl compañero del costado me dijo: - todo lo que hace el amor- . Yo solo sonreí porque no podía opinar de algo que no sabía.

Al poco tiempo el chico del celular dijo en voz alta, como desfogando algo al aire: ya estoy harto. Todos estamos hartos alguna vez de algo o alguien, específicamente no sabía que pasaba, por lo poco que conocía de él es que tenía una “flaquita” que no lo dejaba tranquilo. Creo que ella jamás lo llamó durante los seis meses que llevo trabajando aquí, es él quien siempre llamaba o buscaba algún pretexto para salir.

Esas llamadas obsesivas llenas de inseguridad y capricho de querer ser correspondido de la misma manera es lo que lleva a extremos. Muchas veces el soltaba frases como: “por mas que le recargo del saldo el celular para que me llame ni un mensaje me manda”. Suele pasar decía yo.

El núcleo del problema y el motivo de sus llamadas tan frecuentas del compañero de al lado no lo sabré a ciencia cierta, pero su preocupación estaba clarísima. No era correspondido.
Hay amores tranquilos, llamadas bonitas, llamadas que te roban una sonrisa durante el día, no se compara como una llamada forzada, si no existe voluntad ¿para qué insistir?

Lo poco o mucho que sé, es que el amor fluye, nace, inspira. No tortura, ni tampoco hace esperar tanto. Y mucho menos espera a que le pidan un “llámame”. Mi compañero no puede vivir sin llamar a su enamorada al menos tres veces en una hora. ¿Y por qué la flaca puede vivir sin llamarlo?

A veces el amor o eso que pasa al sentir mariposas en la panza, se puede volver en dolor de panza, dolor de cabeza y dolor al corazón si no sabemos bien identificar a quien merecemos. Busquemos un amor reciproco, un amor que inspire a dar algo cada día.

Sin darnos cuenta, ese "aparatito" llamado celular se puede convertir en un medio que nos puede afectar, pero finalmente, somos nosotros quienes decidimos como manejarlo. Sé que muy pronto mi compañero recibirá una llamada que le alegrará el día con un “te extraño” y ya no lo veré aturdido llamando a alguien que no lo quiere ni escuchar.




1 comentario:

  1. No es bueno dar lata y peor corazón enlatado.
    Aunque uno no sabe a ciencia cierta si el que tanto llama quiere Venecia o quiere solo el pecado :)

    ResponderEliminar