viernes, 9 de agosto de 2013

Cese: “Renuncio”.


Mantener una relación es como conservar un trabajo. Al comienzo, como todo lo nuevo, uno empieza muy entusiasmado, ya sea por el sueldo o por el puesto que es lo que atrae. 
En una relación es igual, te sientes motivado porque vas conociendo de una forma mágica a otra persona, entre una mezcla de admiración y cariño. Y poco a poco las palabras y los momentos fortalecen todo.

En un trabajo es igual, el reconocimiento por el esfuerzo y lo que uno va haciendo nos va dando fuerzas para continuar. Paralelamente, en una relación, conforme pasan más momentos y se recibe amor, es como si aumentaran el sueldo cada cierto mes. ¿Pero qué pasa si de pronto todo cambia?

En el trabajo, a veces la rutina agota y más si no se recibe algo que incentive a seguir haciéndolo mejor. En las relaciones, cuando hay discusiones frecuentes se pierden fuerzas y si esos problemas tocaron fondo y disminuyó el amor, entonces llega el momento de “renunciar”.

Uno renuncia al trabajo diferentes motivos, por el sueldo, porque sientes que no valoran lo que haces o porque se presentó otra oferta mejor. En las relaciones, es similar, si ya no te sientes motivado, sientes que no es lo mismo, que ya no recibes eso que antes te inspiraba a entregar más prefieres alejarte. Pero a diferencia de un trabajo, en una relación de pareja en vez de presentar una carta de renuncia se opta por decir todos esos motivos que obviamente muchas veces sorprende, porque casi siempre la otra persona pensaba que todo estaba de maravilla.

Algo así como, cuando una vez renuncié y mi jefe se quedó sin palabras porque no se lo esperaba. A diferencia que uno en el trabajo casi siempre intenta quedar bien con el jefe y busca el momento adecuado y las palabras precisas para explicar el motivo, en las relaciones a veces el momento de renunciar fluye justo en el momento más complicado, en plena discusión. Entonces no se sabe si ofrecerle una mejor oferta para continuar o decirle que le vaya bien con su decisión tan inoportuna.

El jefe de pronto te puede decir con mucho aprecio, según sea el caso, que te vaya bien y desearte sinceros éxitos. Pero aquí la gran diferencia. En una relación no se puede hacer eso y menos cuando el final no se espera. Benditos sean los que en su relación son conscientes que va a terminar algún día. Pero los que piensan que el amor es eterno, así como la ilusa que escribe, entonces sí impacta.

¿Alguien puede decir a la persona con las que te viste anciana y con nietos “que seas feliz con otro (a), que cumplas tus sueños” bla bla bla? No es que queramos que le vaya mal, pero en ese momento (y los que lo han pasado entenderán) no se puede decir NADA. Solo aceptar la decisión porque nada se exige y mucho menos se suplica.

El amor no es el que daña, daña la persona que nunca amó. Daña la desilusión de pensar que eso que tuviste fue amor, mientras que cuando vivas el amor de verdad sabrás que nunca terminará. Si queremos renunciar, recordemos la cortesía que tuvimos en ese trabajo donde presentamos una carta y con mucha delicadeza dijimos que ya no podíamos continuar por X motivos.

Hagamos lo mismo por esa persona que nos brindó parte de su vida. Renunciemos no con una carta, pero si con el mismo respeto que se tiene hacía un jefe. Busquemos el momento justo cuando sintamos que esa relación no da un día más. Ninguna renuncia es fácil, pero quizás más fácil para el que lo hace.

El jefe tiene la oportunidad de buscarse otro empleado, intentando reemplazar la buena labor de su ex trabajador. Pero la persona a quien dejan, no buscará reemplazar de inmediato, sino, aceptar la decisión y seguir. Y finalmente, otra similitud con la renuncia al trabajo y a una relación, es que al comienzo pensamos que nada será igual, porque tal colaborador era muy eficiente y tal novia(o) era la indicada (o). Pero con el tiempo, quizás ya sentado en algún bar te reirás del pasado con algún cóctel (como dice la canción de DLD) y al haber encontrado al adecuado y al mejor, sabrás que no sólo fue lo correcto, sino, que quizás sientes como si nunca existió. 


2 comentarios:

  1. Uno es inmejorablemente iluso tantas veces como ama. Recuerdo una vieja lectura donde una joven sin remordimientos que ante las promesas y súplicas de un amante desconsolado, con gélida determinación le dijo: hay amores cortos y hay amores largos, rematando con un tiro de gracia: este fue corto.

    Tiempo después la misma mujer se encontró en los mismos laberintos de aquel desdichado al que nunca mas volvió a ver. Y rendida preguntó con el alma ¿me amarás por siempre? ....
    después de una pasional noche aniversaria, ese amor fue eterno exactamente un año, no hubo drama ni dolor pues nunca hubo despedida, tal vez tampoco amor.

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    1. "le dijo: hay amores cortos y hay amores largos, rematando con un tiro de gracia: este fue corto. " Me encanto.!

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